Monolito que señala dónde estaba el pozo que sirvió de fosa común a los fusilados. Con este trabajo no pretendo otra cosa que colaborar mínimamente con la iniciativa del Centre d'Estudis del Maestrat a incrementar esa memoria histórica de nuestro entorno más inmediato dentro del más profundo respeto a los hechos, a los protagonistas y sobre todo a los desdichados que murieron ahí. El texto no tendrá un rigor científico, pero es el resultado de casos populares contados por la gente a lo largo de los años. El Pouet de les Serretes se encuentra situado a escasos 20 metros de la carretera nacional 232 de Vinaroz - Morella. Justo en el cambio de rasante entre San Jorge y Traiguera, en la misma división de los términos municipales de ambos pueblos y está señalado por ese monolito en granito y mármol en blanco y negro. El pozo no existe porque fue tapado después de la guerra y sobre él se construyó el actual monolito que con demasiada frecuencia es pasto de desaprensivos que dejan su huella con soeces e irrespetuosas pintadas. Este pozo debía su existencia a un viejo proyecto no menos digno de mención. A mediados de siglo XIX una familia pudiente y emprendedora de San Jorge, ideó la forma de tener en la población agua procedente del "Barranc de Traiguera". Punto del río Surrac situado justo debajo de la carretera Vinaroz - Morella, donde antes siempre había agua, pero en aquella época no se disponía de la tecnología adecuada para elevarla hasta la cima de les Serretes, ese cambio de rasante situado en la misma carretera, pues eso suponía elevar el agua unos 50 metros de altura. Luego esa agua hubiera bajado rodada hasta la población situada a mucho menor nivel. Así al lado del mismo río Surrac se construyó un pozo, que todavía existe y es propiedad del Ayuntamiento de San Jorge y se ideó el sistema de horadar la montaña desde la finca de "La Coma" una finca hoy abandonada y que sirvió de cantera a las recientes obras de ensanche de la carretera. Desde esa finca se empezó un túnel en dirección al "Barranc" y a lo largo de esa distancia se construyeron 2 pozos para ventilación de los trabajos y personal y abastecimiento de materiales. Esa empresa quedó inacabada. Hace unos 10 años todavía quedaba abierto uno de esos pozos mal sañalizado en una pequeña maleza junto a la carretera, un aljibe para el almacenamiento del agua en el extremo inferior del túnel y un tramo de túnel de unos 100 metros de longitud. El suelo del túnel estaba ligeramente inclinado hacia el medio donde había un reguero construido con tejas boca abajo. A veces los chiquillos íbamos a jugar allí y nos adentrábamos en él para escondernos. Tanto ese tramo de túnel como el aljibe desaparecieron cuando en esa finca, hoy propiedad de Bancaja, se instaló la cantera y revolvió con sus máquinas la mayor parte del terreno. El pozo del Barranc está cubierto de zarzas y cañas, pero se ve perfectamente. De él se han abastecido durante años algunos granjeros que iban con sus cubas a cargar agua en él. En la siguiente imagen se observa una losa de hormigón de un par de metros de diámetro que cubre el pozo que estaba descubierto hasta hace unos 10 años que se cubrió. El segundo pozo fue el que se empleó durante la guerra para tirar los cuerpos de los presos que fusilaban. No tengo datos fiables, la información vertida en este texto es la recogida por comentarios de gente de la época y los viejos del lugar difieren mucho según los casos. Para algunos ahí abajo hay cientos de personas, para otros solo unos pocos. Tampoco he conseguido saber si después de la guerra sacaron los restos o solo cubrieron el pozo dejando los restos abajo. El pozo tenía unos 40 metros de profundidad. Estos fusilamientos ocurrieron durante la época que la zona pertenecía a la parte republicana y entre los muertos en el lugar hay gente de los pueblos de alrededor, no precisamente de San Jorge y Traiguera. La primera víctima fue un sacerdote de San Jorge llamado José Vicente Cifre Arnau. Fue detenido el día 15 de agosto de 1936 junto con una mujer llamada Magdalena Esteller Tolós. El sacerdote trabajaba habitualmente en un orfanato u hospital de niños de Barcelona, pero por circunstancias de la guerra vino al pueblo junto a su familia y en ese tiempo fue detenido y fusilado estrenando así la fosa. Magdalena Esteller era una mujer con gran relación con la iglesia y el convento de las monjas carmelitas que entonces había en el pueblo, hecho por el cual también fue fusilada aquella noche. Se dice que antes de matarlos los desnudaron y les obligaron a hacer el amor juntos diciendo "Venga fraile, jode a la beata" Cuando les pareció a los verdugos, mataron de unos tiros al fraile y lo echaron al pozo. Hubo sus más y sus menos sobre lo que hacer con la mujer pero al final la mataron también. Esa misma noche o unos días después fue fusilado una tercera persona, vecino de La Jana de apodo "Cabosa" que tenía un camión y transportaba carbón desde Morella a Vinaroz. Según cuentan algunos viejos de ahora que entonces eran unos niños, por lo general se iba a buscar a las víctimas, al anochecer o primeras horas de la noche y se las requería para que se presentaran "al comité". Algunos de ellos se les mandaba a casa otra vez después de algunas preguntas, otros se les mandaba a la cárcel de Benicarló o de Alcalá, otros se les "llevaba al pouet" . Cuentan que se les situaba al borde del pozo para que al desplomarse ya cayeran dentro. Abundan las anécdotas macabras, cuentan que una de las amenazas de la época era el decirle a uno que una noche de estas te llevarán al pouet. O en las tertulias poco éticas o riñas entre la gente, cuando se decía: "a éste, o a aquél, al pouet deberían mandarle". En algunos casos se les maniataba y se les echaba vivos o solo mal heridos para que su agonía fuera mayor, como fue el caso de Miguel Vericat Meseguer de Canet lo Roig. Según opiniones, la mayoría de los allí ajusticiados no fue por ideología de uno u otro signo, si no el resultado de rencores y envidias entre vecinos, por si este tiene tales o cuales fincas. No parece que fuera llevado allí ningún gran rico de ninguno de esos pueblos, a veces criticados en la intimidad, pero siempre respetados. Las víctimas eran gente normal, llamémosle "acomodada", bien situados por el fruto de su trabajo y dedicación y los verdugos, gente fácil, de lengua larga, amigos de cuidarse de la casa del vecino, de soluciones inmediatas: " esa finca, fusilamos al dueño y ya está". Se mataba al que progresaba, al que sobresalía, por pura envidia, disfrazado de ideología de derechas o de izquierdas, de reparto equitativo... El único fondo de la cuestión era las envidias y rivalidades locales, primero de un bando y luego y con mayor motivo del otro porque se añadió el revanchismo. A continuación se añade un croquis de la obra del túnel y los pozos. El situado en la cima fue el aprovechado para fosa común. |