Prólogo

Dios se ausentó en Mauthausen... Y también en Auschwitz, Treblinka, Buchenwald, Dachau, Majdanek, Bergen-Belsen ... Asimismo se ausentó en las trincheras de Verdún y Stalingrado, en la devastación de Coventry y Dresden, en la desolación de Hiroshima y Nagasaki, en todos los Gernikas, Vietnanis, Rwandas, Bosnias y Kosovos... a través de la historia de la humanidad cuando se ha clamado a El, desde que surgió el Mal, llamándole en mil idiomas...

Y de Mauthausen nos llegó, maltrecho y sacudido para toda su vida, el autor de la presente obra, Francisco Batiste, uno de los republicanos españoles refugiados en Francia en 1939. Bien conocido es el trato denigrante que las autoridades francesas dispensaron a los exiliados españoles en campos de concentración, preludio de los peores que irían a padecer... Parte de los refugiados al estallar la Segunda Guerra Mundial en 1939 fueron destinados a batallones de trabajo en la línea Maginot situada en la frontera franco-alemana. Allí los trabajadores fueron capturados por el ejercito alemán, la Wehrmacht, en 1940 cuando arrolló al ejército francés ocupando gran parte del país y confinados a un campo, Stalag, donde tuvieron un trato "correcto" como prisioneros de guerra, mucho mejor que el de las autoridades francesas. De allí fueron transportados al siniestro campo de concentración de Mauthausen en las condiciones más inhumanas, hacinados en vagones destinados al ganado, donde habían cien prisioneros en cada uno de ellos durante tres días de trayecto sin comida ni agua y en el que perecieron un número de ellos... Era este el método de transporte de prisioneros que usaron los nazis durante toda la guerra.

En el campo de concentración de Mauthausen, Francisco Batiste comenzó el 21 de enero de 1941 el martirio donde se le asignó el número de identificación 4124 que era el sistema que usaban los nazis; asi se deshumanizaba y humillaba a los prisioneros convirtiéndolos en simples cifras. Un martirio que duró hasta el 5 de mayo de 1945 cuando los prisioneros del campo de Mauthausen fueron liberados por el ejercito norteamericano. Francisco Batiste, un sobreviviente del infierno nazi, un horror que le pareció una eternidad, una terrible experiencia para la que no encuentra calificativos que reflejen suficientemente todo el sufrimiento y la huella que ha infligido en su alma. Nos refiere el autor su experiencia en el presente libro, "El Sol se extinguió en Mauthausen". Una descripción en lenguaje crudo, llano y directo, que refleja el calvario sufrido por un hombre sometido a torturas y humillación, cuyo único delito consistió en haber definido y luchado durante la guerra "incivil" por la causa justa, los ideales de libertad, contra la rebelión militar que se levantó para derrocar el gobierno legítimo de la República española.

En este libro, Francisco Batiste nos explica hasta que punto puede llegar la abyección, la crueldad rebosante en bestialidad del monstruo nazi, de cómo el ser humano desciende hasta tal bajeza, una plétora de instintos satánicos. Los nazis no poseían ninguna de las características de humanidad, como nos describe en estas páginas Francisco Batiste y como hemos visto en películas, por ejemplo, La lista de Schindler, un documento gráfico sobre los campos de concentración donde se muestran escenas verdaderamente escalofriantes, que reflejan el ensañamiento con que las bestias de las SS. y sus adláteres torturaban y asesinaban a sangre fría a los prisioneros. Un detalle que muestra el cinismo de los nazis lo constituye el hecho que los hornos crematorios no funcionaban -hacían "fiesta"- el día de Navidad y el domingo de Pascua... También se ha mencionado el hecho que los gerifaltes nazis de los Lager, (campo de concentración), tras el desayuno llevaban a sus hijos a la escuela, para despues tranquilamente iban al Lager donde ordenaban sin ápice de sentimiento ni inmutarse, gasear e incinerar a niños judíos...

El año 1981 con motivo de la inauguración de las fiestas de junio de nuestro pueblo pronuncié un pregón en el que recordé emotivamente a los paisanos nuestros, cinco de ellos que fueron arrastrados por el vendaval de la Segunda Guerra Mundial, hechos prisioneros, torturados y vilmente asesinados en el campo de exterminio, alejados de la patria que los vio nacer. Fueron unos de tantos compatriotas deportados que perecieron en los campos de exterminio nazis, el Holocausto, uno de los mayores genocidios de la historia.

Durante la Segunda Guerra Mundial mientras acaecían estos luctuosos hechos del exterminio de prisioneros en los campos de concentración nazis y más tarde durante la larga noche de la dictadura franquista no se tenía noticia en España del Holocausto, cuando en contraste se daba amplia difusión a las "purgas" y los gulags en la Union Sovietica. Fue bien aciaga la suerte de los prisioneros republicanos españoles, dado que el regimen fascista les denegaba la nacionalidad; fueron considerados como apátridas. Una política que reflejaba y seguía la línea de silencio que había adoptado el Vaticano y más que silencio, inhibición por parte del papa Pío XII, conocedor como era de las atrocidades que se perpetraban por los nazis en los campos de exterminio... Se aducía como excusa para tal inhibición, el temor que los nazis cometiesen represalias en la población civil italiana...

He encabezado este prólogo, que me fue solicitado por mi amigo y paisano, Francisco Batiste, y al que gustosamente accedí a componerlo, iniciándolo con la frase: "Dios se ausentó en Mauthausen", que conlleva el propósito de equiparar la deidad con el astro rey, como corresponde al título de la obra. Así a guisa de metáfora, y con el título de la obra, El Sol se extinguió en Mauthausen, se trata de comparar al Sol extinguido con el Dios ausente como lo fuera por la impotencia de responder a través de la historia al clamar de tantas víctimas inocentes. Cabe citar a este respecto a la escritora Simone de Beauvoir al ser liberada del campo de concentración: "Es mejor que Dios no exista, que existiendo permita estas atrocidades". Una ausencia que ha dado lugar a numerosas expresiones en obras de filósofos y literatos: "La fe después de Auscliwitz", "No es posible componer poesía después de Auscliwitz", "La fe también fue extinguida en los crematorios ... "

Como resonancia de la visión del Holocausto, impresionado por los relatos de sobrevivientes de campos de concentración, durante mi estancia en los Estados Unidos, Inglaterra e Israel, compuse en 1960 una poesía "Abséncies" aparecida en el libro Galáxies, 1995:

Absents hi foren i ben distants
Les cohorts de serafins
I arcángels en l'alt,
rovellons
d'Hiroshima i Nagasaki,
fumerals a Mauthausen, Treblinka, Dachau...
lluny,
dissortats per la indiferéncia
absents hi foren
quan aturar calia
mestrals en foc,
bruta follia,
la nit també slanomena,
Gernika, Vietnam...