Triángulo Azul
Los republicanos españoles en Mauthausen

Edicions 62 S.A. (Barcelona)
ISBN: 84-297-1484-7


Prólogo

Esta obra está basada en los testimonios de los españoles del campo de concentración hitleriana de Mauthausen. Dicho en otras palabras, evoca la suerte que más comúnmente conocieron los combatientes republicanos de la guerra civil que cruzaron la frontera francesa en febrero de 1939, tras la caída de Cataluña. Internamiento en Francia en campos de prisioneros como Gurs y Argelés, reclutamiento de grado o por fuerza en compañías de trabajo durante la guerra de 1939?1940, alistamiento en el regimiento de marcha de los voluntarios extranjeros; para aquellos que habían conseguido zafarse del internamiento y que no habían sido hechos prisioneros por los alemanes, su captura durante la Resistencia por la policía de Vichy o por la Gestapo, vino a significar, a fin de cuentas, la misma suerte: la deportación en los campos de concentración nazis. Y, salvo en el caso de estos últimos que, tratados como los resistentes franceses, fueron, al igual que ellos, dispersados en los diferentes campos de la muerte lenta, el centro de concentración de los "triángulos azules" -el triángulo peculiar de los Rotspanier, de los "Rojos españoles"- fue el campo de Mauthausen.

Los primeros españoles en ser internados en dicho campo llegaron a finales de la campaña de Francia, en agosto de 1940. Después de los polacos, deportados desde septiembre de 1939, los españoles fueron los primeros prisioneros de raza no germánica que ingresaron en ese campo austríaco, pero sobre todo el primer grupo de deportados constituido sobre una base política común, la de la lucha antifascista. En efecto, si bien desde el origen de los campos de concentración, estaban recluidos en éstos antifascistas alemanes y, posteriormente, austríacos, siempre se les había mezclado con reclusos e crecho coffiún; en cuanto a los polacos, éstos habían sido detenidos por el mero hecho de pertenecer a dicha nacionalidad.

Los españoles tuvieron que afrontar el sistema de los campos de concentración hitlerianos en unas condiciones especiales y especialmente horrendas. En primer lugar, porque todos los testimonios de los supervivientes concuerdan en que en dicho período de embriaguez de grandes victorias, los SS hicieron reinar en los campos el terror más bestial y que ésta fue la peor época de toda la historia de los campos de concentración. Luego, porque Mauthausen, campo creado en Austria después del Anschluss, pertenecía a la categoría III, ¡la más espantosa! Vernichtungslager, un campo de exterminio, como el de Flossenburg; no siendo Buchenwald más que de categoría II y Dachau, I. Finalmente, porque los españoles representaban para los hitlerianos el prototipo del adversario que debía ser eliminado y que tuvieron que hacer frente a ese aniquilamiento tras acabar de salir de largos años de sufrimientos, yendo a parar a un penal atroz del que no comprendían ni los reglamentos ni el idioma de los verdugos.

Fue, pues, a los españoles republicanos a quienes incumbió el inventar una forma de organización de resistencia adaptada a dicho infierno. Dos años más tarde, la llegada masiva de resistentes checoslovacos iba a aportar a dicha organización numerosos cuadros conocedores de la lengua alemana en el momento en que la utilización sistemática para la industria de guerra nazi de la mano de obra deportada, obligaba a los SS a desarrollar una administración adecuada de los detenidos. A partir de 1943 y, sobre todo, de principios de 1944, los grandes convoyes de resistentes franceses que llegaron a dicho campo acabaron de dar a esta organización su carácter internacional de agrupación de todas las tendencias de la nesistencia al fascismo.

Personalmente, es a dicha organización a la que debo yo la vida. La deuda de gratitud colectiva de los franceses de Mauthausen, primero con los españoles, y luego, para con los checoslovacos, es inconmensurable. De no haber sido por ellos, de no haber sido por esa organización que habían logrado estructurar en medio de la angustia y de las torturas, a costa del sacrificio de tantos de los suyos, jamás los grandes convoyes a los que antes me refería hubiesen podido "agarrarse" a aquel mundo de Mauthausen. Y en vez de regresar a nuestros hogares uno de cada tres, tal como lo hemos conseguido, no hubiésemos regresado más que uno de cada cinco, uno de cada siete, quizás uno de cada diez.

Si esta deuda no es más conocida, mejor reconocida, la culpa de ello no hay que achacarla a la gran masa de los supervivientes franceses. El hecho de que la organización clandestina de resistencia de] campo estuviese estructurada a base de compartimientos estancos les ha impedido conocer a fondo su funcionamiento y, menos aún su historia. Esta historia no ha sido escrita hasta ahora. Por lo expuesto anteriormente, se comprenderá fácilmente el por qué son los españoles los primeros en relatarla. Así y todo, queda por aclarar el motivo por el cual han tardado más de veinte años en hacerlo -las dificultades materiales de la puesta a punto de este libro habiendo demorado en tres años más, por lo menos, su proyecto inicial; dificultades a las que se han visto sometidos, pero que no se les puede imputar en forma alguna.