Murió el 9 de mayo del 2003 a los 87 años.
En su memoria y en la de todos los deportados que nos han dejado, reproducimos la lectura que hizo Rosa Toran en la ceremonia de despedida de Juan de Diego. Muchas personas nos hemos reunido aquí para recordarte, para evocar retazos de tu vida, una vida larga e impregnada de generosidad. Te habría satisfecho saber que si soy yo la persona que hablo en nombre de la Amicale de Mauthausen es justamente porque tus compañeros de la Amicale de España y también los de la Amicale de Francia se encuentran estos días en Mauthausen. Nadie mejor qu tú sabía lo que significa la fecha del 5 de mayo de 1945, el día en que renacisteis, libres, pero también tristes por todos los amigos con los cuales no pudisteis compartir la alegría de la liberación del campo, del fin del infierno. Hoy, a esta misma hora, estarán todos desfilando por la apellplatz, al lado de centenares de supervivientes de todo el mundo y de personas solidarias, desplegando banderas, con lágrimas, pero también con la seguridad que da el convencimiento de vuestro juramento "Nunca más". En este momento mucha gente desfilará por tí, compungida por la noticia que les hicimos llegar ayer, unidos más que nunca en lo que tú llamabas la gran familia de los deportados. Una familia que desgraciadamente va perdiendo sus miembros, pero que nos ha sabido transmitir a los más jóvenes que vosotros, hijos, familiares y amigos de los deportados, los valores por los cuales luchasteis desde muy jóvenes, la justicia, la igualdad y la solidaridad. Nosotros sabemos el valor que significaba para tí la conversación, amena y afectuosa, que adquiría el sentido de lección, una lección del maestro que conoce la importancia de la historia, la historia narrada por los protagonistas, y no te cansabas nunca de explicar, de matizar todo cuanto tu excelente memoria retenía. Sabías que tu trayectoria era singular y que era preciso no dejar caer en la nada todo aquello que durante la larga dictadura franquista fue escondido y aún ahora permanece en un estado de desconocimiento. Los supervivientes de los campos nazis sois una parte fundamental de la historia de nuestro país y os han vedado la palabra durante demasiados años. Felizmente personas como tú habéis contribuido a que nos fuera restituida. ¿Cuántos estudiantes, periodistas, historiadores... de Cataluña, España y de toda Europa no habrán pasado por tu casa, en Francia o aquí mismo, cuando decidiste instalarte de nuevo en la ciudad que te vio nacer? Justo al poco tiempo de vivir en Barcelona se celebró el homenaje a Montserrat Roig, en el décimo aniversario de su muerte. Miles de personas recordarán tu entrada en el escenario del Palau de la Música con el estandarte de la Amicale de Mauthausen. Ahora más que nunca podemos decir que no nos equivocamos, tu persona encarnaba los nombres de los miles y miles de mujeres y hombres republicanos que merecían y merecen ocupar, como lo hicieron aquellos días, un lugar preeminente en el pensamiento de los ciudadanos de este país. Todos cuantos te recuperamos, aunque fuese demasiado tarde, gozamos de tus lecciones, pero también de tu ironía, de tu rigor y de tu indignación, ante determinadas actitudes apresuradas y ante las frivolidades de aquellos que trataban el tema de la deportación como cualquier otro. Estabas convencido de que tenías muchas cosas por decir a todo el que quisiera escucharte con respeto, atención y ganas de saber, sin que eludieses ningún tema de actualidad, de la cual estabas perfectamente informado y de la cual nunca excluías el debate. Nos lo demostraste muchas veces y no puedo dejar de explicar una anécdota de la penúltima vez que te vi. Fui a visitarte sin avisar previamente y me contestaste que tenías una obligación ineludible. Eran los días en que la guerra con Irak estaba a punto de estallar y habías organizado para tus compañeros y compañeras de residencia el pase en vídeo de la película "El gran dictador". Naturalmente no era el momento oportuno para otra conversación. Fue toda una lección. Los que nos hemos reunido hoy aquí y los que te recuerdan y te recordarán desde los lugares más próximos y más lejanos, tenemos la certeza de que los cuatro años y nueve meses que sufriste en el campo de Mauthausen no fueron inútiles. Para vuestros verdugos, para los asesinos -como tú los llamabas-, vuestro sufrimiento, el de los que murieron y el de los que sobrevivisteis, no había de tener ningún sentido. Os quisieron deshumanizar, pero no lo consiguieron porque vosotros y tú, Juan de Diego, habéis sido para nosotros una continua lección de humanidad. No os olvidaremos.