Pilar Arnaez de Santos
(nombre de guerra, "Carmen Giménez)

Desde 1940, al comienzo de la Guerra Mundial, los españoles empezamos a trabajar para organizar la resistencia contra los alemanes.

Como es sabido, Francia quedó, al firmarse el armisticio, dividida en dos zonas, Zona ocupada y Zona Libre (aunque de hecho, no era "libre"). En aquella circunstancia yo me encontraba en Bagneres de Bigorre (Altos Pirineos), donde estaba desde mi entrada en Francia.

Allí me localizaron camaradas franceses del Frente Popular, gente que había ayudado mucho y ayudaban a los emigrados españoles. Con ellos organizamos colonias de niños y refugios, en locales que habilitamos para ello, primero aquí y después en Sta. María de Campanes.

Más tarde a principios del año 1941, se llevaron a todos los hombres a los campos de concentración. Particularmente a los que trabajaban en las fábricas de material de guerra y que, por su calidad de refugiados españoles, les negaron el derecho a seguir trabajando en esas fábricas.

Fue la época en que hombres y mujeres españoles empezamos la lucha clandestina.

Cuando se vio la necesidad de tener una casa para "punto de apoyo", me encargaron alguna.

Los amigos de la Emigración Económica me pusieron en contacto con una maestra francesa, que se portaba muy bien con los refugiados. Esta señora me alquiló una casita amueblada muy bonita. Planta baja, compuesta de un comedorcito, una hermosa habitación, cocina y un cuarto oscuro. Era ideal para el trabajo que la destinábamos; reunión de camaradas de las dos zonas Ocupada y Libre.

Allí empezamos a organizar muchísimas cosas: se formaron grupos de guerrilleros, la cabeza de los cuáles era un tal Núñez, llamado "el Rubio"; el camarada Castro, fusilado más tarde por los franquistas; también se encontraba el camarada Blanco.

Se empezó a organizar la ayuda a los campos y a algunos camaradas que se encontraban en la cárcel de Tarbes.

Con una multicopista confeccionábamos la prensa clandestina. También hacíamos algunas cosas a mano. Pero lo más importante eran las reuniones de los responsables de las dos zonas. A veces permanecían encerrados en la casa, diez y doce días. Iban y venían, comiendo y durmiendo como podían. Gran número vivían en los bosques, trabajando como leñadores-carboneros.

Las vecinas de arriba creyeron que lo que yo hacía era "mercado negro". Lo adiviné porque un día se atrevieron a pedirme si podría proporcionarles alguna cosa. Se lo comuniqué a los amigos responsables, y me dijeron que valía más que esta fuera la creencia de las ocupaciones que yo tenía. Enseguida se decidió que, como los camaradas del bosque solían tener víveres por animales que mataban y por ciertas cosas que lograban obtener de los campesinos de los alrededores, podría yo pasarles de vez en cuando alguna cosa, como así fue.

A casa solian venir los enlaces de Toulouse, Tarbes, Altos Pirineos, Pierrefitte, etc. Recuerdo algunos nombres, otros los he olvidado por completo. Los de Toulouse eran dos mujeres, una morena llamada "Paquita", la otra, "Paulette Pamplona". La de Altos Pirineos se llamaba "Lina". Otras, ya digo que he olvidado el nombre, pero sé que algunas de ellas se encuentran en España.

Los camaradas, recuerdo a algunos que todavía siguen en a brecha; "el Berrugas", Blanco y algunos otros que sé están en España. Otros, muertos, como el camarada Aguado y algunos más fusilados por los franquistas.

Un día se encontraban en casa camaradas muy conocidos en la región de Tarbes, como Gracia, Aguado, el llamado "Cero", Castro "el Rubio" y otros que en este momento no recuerdo. Por la mañana apareció Bagneres de Bigorre lleno de CRS; se decía que buscaban a los judíos.

Los camaradas se pusieron en guardia, no solamente por ellos, sino por el abundante material de todas clases que tenía en casa (armas, explosivos, octavillas, etc.). Me dijeron que saliera y les tuviese al corriente de cómo se desarrollaba la operación policial. En una de estas salidas ví que nuestra calle estaba acordonada, tomada a la entrada y a la salida.

Sólo tuvieron tiempo los camaradas de meterse en el cuarto oscuro.

Los camaradas todavía permanecieron encerrados en el exiguo recinto durante todo el día, pues la "razzia" duró todo este tiempo; yo continuaba saliendo y entrando e informándoles. Imaginad la angustia de todas esas horas y el suspiro de alivio al término de esta operación policial.

Toda esta organización duró hasta el año 1942, fecha en la cual se decidió que yo tenía que dejar Bagneres de Bigorre e irme a trabajar a Toulouse. Así pues, cogí mis trastillos y... con la música a otra parte.

Llevaba dos direcciones; la primera la de la casa de "Paquita", en donde permanecí unos días hasta que me dijeron que debía irme a casa de Núñez. Pasé otros cuantog días, hasta que, por fin, vinieron a verme y ponerme en contacto con algunos camaradas: Xaras, Mariano de Muret y otros.

Se volvió a decidir que tenía que tener otra casa "punto de apoyo" para realizar el enlace entre la Agrupación de Guerrilleros y el Partido.

Me encontraron una en la rue Pergaminiers. Era más bien una buhardilla con dos habitaciones y cocina.

El trabajo consistía en llevar el correo a varios Departamentos de Haute Garonne, Perpignan y Marsella. Este correo lo tenía que recoger en distintas casas. También, recibir a las demás enlaces (mayoría de mujeres) que venían de los sitios ya citados. De Perpignan venía la camarada Marcela, esposa de Solanas.

Otra de mis actividades consistía en asistir a las reuniones que se celebraban en los pueblos de los alrededores de Toulouse, transportar materiales, a veces andando varios kilómetros, cuando no teniamos tren o no había autocar en esa temporada, porque los transportes eran muy anormales y caprichosos. Tenía prohibido relacionarme con nadie que no estuviese ligado a mis actividades.

La camarada Pamplona vivía en la misma calle; su casa era igualmente "punto de apoyo".

Toda esa época me la pasé viajando casi sin parar, y cuando me encontraba en Toulouse, estaba constantemente en la calle "enlazando a unos o recibiendo a otros, intercambiando cartas, etc.

En esos tiempos, precisamente tenía contacto con el que hoy es mi marido. Le llamaban "Juan". Recogía los materiales en una casa de campo lejos de Toulouse en donde vivía una familia; a él le llamaban "el Negus".

Durante todo ese período de tiempo me ocurrieron una serie de aventuras muy peligrosas, pero, de las que afortunadamente para mí y para los demás, salí bien.

La lucha contra el invasor alemán continuaba, los sabotajes se intesificaban. Un día fue volado un tranvía, por cuyo motivo se ordenó el "toque de queda" a las cinco de la tarde. Yo, me encontraba fuera de casa -habla ido a recoger el correo a una casa del barrio de Saint Cyprien-, cuando llegué al puente colgante para llegar a mi calle, las dos entradas del puente estaban tomadas por los alemanes.

Pedían todos los papeles. Yo tenía mi carta de identidad en regla pero se me había caído la fotografía y yo había puesto otra cualquiera en su lugar, naturalmente, la mitad del sello faltaba. Cuando llegó mi turno para enseñar mi documentación, el alemán la miró detenidamente y se la pasó a su compañero poniendo el dedo bien visible sobre la foto. Los dos me miraban y hablaban a la vez.

Yo ya sabía lo que querían, "Francesa, no; española". Insistieron varias veces, en su lengua, y yo venga a contestar lo mismo en la mía, hasta que, por fin, uno de ellos me hace un gesto con el fusil diciendo: "Rauss"... Yo no esperé que me lo dijesen dos veces.

Algunas personas que habían contemplado mi teje-maneje, me preguntaron intrigadas qué les había enseñado y cómo había logrado pasar.. Yo les dije que, ni más ni menos, les había enseñado... mi documentación.

Sin ir más lejos, al día siguiente, otra aventura. Ésta hubiese podido costarme más cara. Me había olvidado toda documentación.

Los camaradas me echaron una bronca fenomenal. Mariano se mostró, incluso, algo duro. Me costó regresar a Toulouse a pie, 20 kilómetros. Cuando llegué a la calle Pergaminiers tenía los piés llenos de llagas.

Marcela, la "enlace" de Perpignan, me estaba esperando. Al verme en aquel estado bajó a la farmacia y me curó los pies.

Al día siguiente tenía que salir, sin falta, hacia Marsella para llevar correo que la camarada me había traído de Perpingnan. Los pies me hacían sufrir terriblemente, mis zapatos tenían los tacones torcidos, pero como no tenía otros, no había más remedio que ponérmelos...

Salí, pues, en el tren de Marsella que había que coger por asalto, pues en aquellos tiempos todo era así. Se subía uno como podía, a veces sal tando por las ventanillas.

Hacía apenas un par de horas que estaba acostada en la calle Guerin cuando sonaron las sirenas.

Y empiezan a caer bombas con un estruendo ensordecedor. La calle quedó envuelta en llamas. Todo estaba invadido por una espesa nube de polvo que no permitía ver nada. Nuestra casa se había derrumbado por la mitad. Nosotros quedamos arrimados al muro de la cocina, que era lo que por fortuna quedó intacto.

La enlace que tenía que ir a recoger el material a la rue Guerin se encontró con que le dijeron que no se sabía si había quedado algún superviviente.

Mi reaparición supuso una gran alegría para todos los camaradas que trabajaban conmigo. Después de contarles mi odisea, reconocimos todos que, una vez más, me había favorecido la suerte.

Así continuaba el trabajo, enlazado entre el Partido y la Agrupación de Guerrilleros, con César, Luís Fernández, Acebedo. Conocí a Celia, a "la Peque", Esperanza, Máxima, Nieves, Carmen, la Miguel-Angel y a algunas más, cuyos nombres no recuerdo.

Tenía contacto con el triángulo de la MOI. Nos reuníamos en las afueras de Toulouse en una casa que llamaban "el Chalet".

En la calle, seguía el contacto con los camaradas Alfredo, un portugués, Camus y algunos otros.

En Toulouse, cuando el asalto a la cárcel Rampan-Saint-Etienne, cumplí varias misiones y luego, cuando los camaradas salieron de, la cárcel vinieron a parar a mi casa de la rue Pergaminieres.

Más tarde, y hasta la liberación, trabajé dirigida por los camaradas Gimeno y Adela, entonces se llamaban Raúl y Anita.

Varias veces me encomendaron ir a sacar el material que se encontraba en casa, adonde había ido la policía y no había encontrado nada en el registro.

Una de esas casas era la del camarada Santos (no el que hoy es mi marido). Este Santos había recibido muchas palizas de la policía y había salido con los de la cárcel del Rampan-Saint-Etienne.

Otra vez fui a casa de los "Zapateros", después del paso de la policía.

En fin, mi actividad duró hasta mucho tiempo después de la Liberación. (Y puede decirse que todavía dura, y durará tanto tiempo como sea necesaria mi aportación a la lucha por la Paz y la Libertad.