Soy valenciana. Llegué a Nimes con mi marido antes de la guerra del 14. ¡Sí, solamente tenía veinticinco años cuando llegué a Francia! Y con mi niño de dieciocho meses, que pronto se murió. Solamente hacía un mes que habíamos llegado cuando estalló la guerra. Regresamos a España, pero a los siete meses las autoridades del país nos enviaban cartas para que volviéramos, porque estaban faltos de "treballadors". Siempre nos quedamos aquí. Yo no me arrepiento de haber vivido en Francia, aunque me siento muy española, eso sí. Cuando empezaron a llegar maestras y niños refugiados del Norte de España, nosotras, las mujeres de la colonia española y nuestros amigos franceses, recogíamos a estos niños en nuestros domicilios. Mi hijo mayor hacía el servicio militar y tenía a mi cargo mis dos menores, pero recogí una niña que se llamaba Josefina; era vasca. La guardé dos años, dos meses y dos días exactamente. Con mi Leopoldo, el pequeño, se llevaban como hermanitos. Fuimos muchas las mujeres españolas que recogimos niños en estas condiciones; no fui sola, no. -Oye, Carmen, le preguntamos- ¿cómo es que encima de tu bufet y en lugar preferente tienes ese niño Jesús en un pesebre tan bonito? -Ah, es que éste es "el meu chicotet" -Entonces ¿eras católica antes? -¡Lo era y lo soy! Cuando estalló la guerra en España, aparte mi patriotismo y mis sentimientos humanos, no tenía las ideas muy claras, lo que me despertó y me guió hacia el campo a escoger fue el ver un día en un periódico francés con una fotografía en la que aparecían algunos curas que desde un campanario descargaban una ametralladora hacia el pueblo. ¡Ah!, exclamé, ¿han olvidado por azar los mandamientos de la Ley de Dios? Y me puse a recitar, indignada: "Los mandamientos de la Ley son diez, diez! El primero, amar a Dios sobre todas las cosas; el segundo santificar las fiestas; el tercero honrar padre y madre; el cuarto ... ; el quinto, el quinto no matar. ¿No matar, y estos curas están matando al pueblo? Ah, no, no creo en nada, todas las estampas las rompí. ¡Una Virgen lurninosa la tiré al suelo y la rompí, pobrecita Madre de Dios! Es desde entonces que me hice comunista y seguí siendo católica y creyente. Pero sólo he conservado al niño Jesús! Tenía tres hijos, pero si hubiera tenido trece los hubiera educado a todos para que lo fueran, no tengo queja de ellos. Esta es mi suerte, que mis hijos han salido todos con mis ideas políticas. Cerca de Nimes estaba el campo de concentración llamado "Les Garrigues". A mi casa venían a menudo tres o cuatro españoles, entre ellos uno que se llamaba Ángel, ¡más saleroso! Era valiente el tío, ¿eh? ¡Vaya tío! Eran como de mi familia. Había dos que se llamaban Ángel. En el año 1941 mi hijo fue llamado al STO (Servicio de Trabajo Obligatorio) para la Alemania nazi. Aquel día se llevaban doscientos hombres jóvenes de Nimes. Sólo llegaron a Alemania trece. Se saltaban del tren, y el mío fue uno de tantos. Me lo detuvieron y le pegaron lo que quisieron y un poco más. Este era mi Vicente, que se escapó de la cárcel y se fue al "maquis" con el nombre de "Gaby". Sus hechos de Resistencia se han publicado en un libro después de la Liberación. Para la Resistencia, mi casa fue un punto de apoyo y lugar de reuniones. ¿Cómo empecé la Resistencia? Ni lo sé. Ayudaba a los españoles que se fugaban del campo para pasar al "Maquis". En mi casa estuvieron escondidas la esposa y la hija de monsieur Martín; el esposo y el hijo Martín estaban ya encarcelados por hechos de Resistencia. Después estas mujeres se fueron al "rnaquis", a la Resistencia armada. Cuando se despidieron me dijo la madre serenamente: "No te pedimos más que una cosa, Carmen: nuestros padres son muy viejecitos; tú no sabrás nada de nosotras, pero arréglatelas para hacerles creer que tienes noticias nuestras buenas, ¡por caridad! Cuida, sobre todo, su moral; si alguna vez supieran lo que nos ocurre, esto sería su muerte". Cada tres días.visitaba a la abuelita. "Me vienes a llevar noticias de mi nuera y mi nieta, ¿verdad? ¿Están bien? ¿Pero qué es lo que hacen?" -"Pues, hacen tricot, ayudan a los deportados." En aquella época ya estaba de sirvienta en casa del abogado monsieur Taillade. A pesar de estar en este servicio, como tenía dos habitaciones en el último piso, cuando algún español andaba en la clandestinidad y perseguido se escondía en mis habitaciones. Recibía a españoles que venían de París por la noche y se reunían con españoles de aquí. ¡Qué humaredas de tabaco! Y ahí me tienes a Carmen montando la guardia ante las puertas. Con ellos venía Pedro Vicente, que era uno de los jefes. A veces se juntaban hasta diez españoles para reunirse clandestinamente. ¡Qué apuros para que nadie se enterara! Raro fue el día que no tenía un escondido. A todo esto tenía mi hijo preso, el que me detuvieron en Avignon cuando se escapó del tren para no ir a trabajar para los alemanes. Cuando me enteré me fui a ver al juez en el propio Palacio de Justicia. Me presenté como la madre de Vicente Asensi... "Señora, su hijo está detenido por comunista y no tiene derecho a verlo. Planton, llévesela, y si no quiere comprender, haga usted mismo que lo comprenda." Yo me volví hacia el juez: "Señor, usted me dice que mi hijo está preso por comunista y yo, que soy su madre, no tengo derecho a verle; entonces ya sé lo que tengor que hacer". Esto en presencia de los alemanes. "No hay más que los españoles para que protesten siempre." A mi hijo lo trasladaron a la central de Eysses, en Villeneuve Sur Lot. Yo iba todos los meses a verle. Un día me niegan la visita:" Señora, a usted le ha sido detenido el otro hijo por comunista" (Todos los Resistentes eran comunistas para los nazis y sus colaboradores franceses). "¡Oh! ¡Dieu de Dieu! (Dios de Dios)" En cuanto a Vicente.. Recibo una carta sacada clandestinamente de la cárcel: "Vicente Asensi grave, preséntese". Pero la dirección de la cárcel no me dejaba entrar. "Señor -le supliqué-, déjeme ver mi hijo, se lo ruega una madre, déjemelo ver antes que muera! " Atravesé la cárcel, y cuando vi que no bajaba al locutorio, mi corazón desfallecía, temblaba todo mi ser. ¡Mi hijo! ¡Mi hijo!,Sólo puede verle en su celda, pero separada por una reja... Lo vi acostado encima de una sábana negra de suciedad. ¡Ni siquiera pude besarlo! ¡Lo habían destrozado a palos, roto los pulmones! Eso me lo confirmó el médico. De vuelta a casa, al cabo de un tiempo, me devuelven el paquete de comida que le enviaba a la cárcel con la mención: "Vicente Asensi parti sans laisser adresse", marchado sin dejar dirección. ¡Me lo han matado, me lo han matado! Un día me voy a mi casa, al domicilio particular, y me encuentro un papel que decía: "Estoy en plena naturaleza, no te preocupes, hasta pronto, maman". Poco antes de la Liberación se me presenta en casa un "capellanet": "Señora, ¿cuántos hijos tiene y donde están?", etc. -"El mayor trabaja, el otro está en la escuela" -"Pero, ¿y el otro? ... -"Yo no sé nada de él, hace más de seis meses que no lo veo". -"Pero vendrá, seguramente". -"Ah, seguramente no; estaba en la cárcel, ¿es que aun está vivo? No se nada, señor. " Entonces mi hijo me abraza. "Soy yo maman, has hablado muy bien". Este era el cura que tanta sospecha me produjo. Mi hijo que, para verme, se había disfrazado, porque estaba buscado por la Gestapo. Pronto llegó la Liberación. Un hijo que se había evadido, murió tras largos sufrimientos, dejando dos niños, cinco años después. Cuando cayó enfermo quise hacer que me contara un poco de lo que había sufrido en la cárcel. Le habían colgado por los pies; le habían dado palizas decenas de veces, pero estoy segura de que lo peor no me lo contó, ni a mí ni a nadie. Un día se negó a continuar. Y cuando pienso en todo lo ocurrido me pregunto: ¿Es posible que me hayan ocurrido tantas cosas? Pero no me arrepiento de nada, ¡de nada! Cumplí con mi deber, eso es todo. Quiero hablar de dos mujeres españolas que ya están muertas. Una catalana, Esperanza Durán, y una "emigrada económica", Serafina Servera llamada Fina. Esperanza Durán, barcelonesa, trabajó conmigo en la Resistencia; con ella pasaba la propaganda de Nimes a Arles. No me acuerdo de las fechas después de tantos años; sé que era en el 43, al llegar a la estación de Arles, ¡mala suerte!, control alemán, fusiles cruzados. ¿Qué hacemos? Nada, a pasar, no podemos volver atrás. Más serias que un carabinero, pasamos. ¡Pobre Esperanza! Hacía poco tiempo se le había muerto un hijo de dieciocho años y al poco tiempo se le muere el marido y se queda sola. Pero era muy valiente, no he conocido a nadie con más coraje y más abnegación. Trabajaba duramente en trabajos domésticos, pero cuanto ganaba lo repartía todo para la Resistencia. Teníamos contacto con muchas españolas refugiadas de Nimes, que nos ayudaban mucho, sirvieron de punto de apoyo muchas veces; pero no me acuerdo de sus nombres, como tampoco me acuerdo del nombre de una chica española que montaba la guardia cuando los guerrilleros españoles mandados por Cristino García asaltaron la cárcel de Nimes para liberar a los resistentes. Pero estoy segura de ello, era una "noieta" española. María de Le Pontel. Yo he trabajado pero no soy la que más. Esperanza, sí; ella venía de España fogueada y requemada. Era precisa, eficaz, incansable. Sabía lo que se llevaba entre manos. Merece un monumento. Con Esperanza íbamos también a Avignon. Allí teníamos que visitar a varias familias. Nos acogían y atendían; había bastantes mujeres españolas que ayudaron mucho a los resistentes; sólo me acuerdo de una chica que se llamaba también Esperanza; era sobrina de una amiga mía que vive en Nimes; había otra chica casada con un francés llamado Pelfort. A Esperanza la he querido como a una hermana y como una hermana ha muerto en mis brazos. Jamás hubiera consentido que fuera llevada a un hospital. Su enfermedad duró bastantes meses, pero no murió sola. ¡no se lo merecía! Josefina Servera, llamada "Fina" en la Resistencia. Fue una madre para los refugiados españoles. A cuántos amparó, escondió. Ya había ayudado mucho a los combatientes de la República Española durante la guerra. Su casa fue después un punto de apoyo de los más importantes. Fue además enlace. Muchas veces se iba hasta los Pirineos desde Nimes. Dejaba el marido, y a su hijito me lo confiaba a mí. A veces se llevaba a su hijo de quince años. Pero la mayoría de las veces me lo confiaba y le decía: "Mamá se va, pero la mamá es ésta". "Fina" siempre estuvo disponible para ayudar a nuestros compatriotas, porque a pesar de estar tantos años aquí, siempre nos sentimos espafloles. Escondió a muchos combatientes y después los guiaba hacia el "maquis". ¿Quién no conoce a "Fina" en Nimes, quién de los guerrilleros españoles no ha oído hablar de "Fina"? Yo quisiera que alguien pudiera decir mejor que yo lo que esta mujer española dio en la lucha antifascista.