Pasé a Francia el 29 de enero de 1939. Mi actuación política consistió en desempeñar una Secretaría de la JSUC de Manresa. Entre el grupo de compatriotas (numerosos niños, mujeres y ancianos) de muchas regiones de España, se encontraban Teresa Pamies, Lourdes Soler y Manuela Olea de la JSUC, la hermana de Sans de la FAI y Montserrat Planes, del PSUC. El primer llamado "refugio" a donde fuimos a parar era el pueblo de Magnat-Laval (Haute Vienne). Allí fuimos recibidos por monjas y gendarmes, que nos hicieron desnudar al aire libre en un patio, y con una manguera de regar huertos, sin ninguna consideración de edad o de sexo, nos "desinfectaron" con agua helada. Paso por alto las mil y una vicisitudes que sufrimos en algunos lugares de Francia como premio del más honroso título que podíamos ostentar grandes y pequeños, ¡republicanos españoles! Gracias a mi padrino que vivía en Pecheric, cerca de Carcassonne, pude salir del mal llamado "refugio" de Magnat-Laval con mi camarada Montserrat Planes. Inmediatamente, aprovechando mi situación normal y legalizada gracias a las gestiones de mi padrino, establecí el contacto entre los diferentes campos de concentración de españoles. Visitaba al padre de T. Pamiel en el campo de Braams. Servía de estafeta entre los españoles de los campos y sus familiares en España. Mi casa era el buzón para todos los refugiados de Manresa; entre ellos recuerdo algunos, solamente el patronímico como Joaquím, Antonio, Barris, etc., y a Joan Vilalta. A causa de esta actividad la policía francesa me detuvo para someterme a interrogatorios. Al señor Blasi, que era el comisario de policía que me interrogaba muy cortésmente, le contesté mirándolo fijamente: "Monsieur Blasi, si usted se encontrara en nuestras circunstancias, usted haría lo mismo que yo". Más tarde los ocupantes nazis lo quemaban vivo en el "maquis". Siempre, a pesar de las órdenes recibidas me soltaba. Por uno de esos azares de la clandestinidad, me encontré un día del 42 sin documentación, fui internada en Argeles. De allí pude salir gracias al director del cine Odeon de Carcassonne, monsieur Daumier, quien estaba al corriente de mis actividades. En Carcassonne había un policía, un tal Suzanet, que se portó muy mal con los refugiados; siempre nos amenazaba con llevarnos a la frontera y quitarnos la documentación. Continuando mi resistencia, pasé a ser el punto de apoyo de polacos, españoles y franceses En mi casa de Carcassonne, situada en la calle del hôpital, nº 14, a veces tenía que esconder a ocho o diez personas a la vez. Tenía contacto con Tomás Martín y Pepe-Luis, que formaban parte de una compañía de trabajadores extranjeros; en realidad, los organizadores de la Resistencia en el departamento del Aude en aquella época. Un chivato los denunció y fueron detenidos muchos resistentes: Vifia, Tomás Martín "el Alemán". A este indigno español le llamábamos "el Tenor" ¿por dónde andará? Me encargaba igualmente de la solidaridad con los heridos y enfermos del hospital. Allí conocí a una resistente muy joven que murió del tifus, Carmen Soto. Conocí igualmente a otra muchacha joven que hacía la Resistencia, Carmen García. Creo que actualmente se encuentra en Carcassorme. Las cartas necesarias para la organización de la Resistencia entre diferentes campos de concentración de españoles las fotocopiaba el señor Porta. En los momentos de la Liberación de Francia me encontraba en Perpignan y pasando por una de las calles de esa sonriente y acogedora ciudad, con dolor infinito, presencié la detención de un grupo de españoles por la Gestapo alemana, con brutalidad inaudita. Mi angustia no tenía límites y mi corazón se alocaba a la par que mi mente, ante la impotencia de socorrer y consolar mis hermanos caídos en las redes del tan despiadado enemigo de la humanidad, Hitler y sus esbirros. Mi vida empieza a tener alicientes de nuevo cuando me hice cargo de una "noia" y de un "noi" que se quedaron sin padres al caer éstos y en la tormenta de la segunda Guerra Mundial.