Nos encontrábamos un tanto deprimidos, no por la actuación de nuestra Aviación en particular, si no por el resultado que iba teniendo la guerra.

Además, fuese en broma o en serio, comentábamos, los responsables de las dos escuadrillas y el mando del grupo, la posibilidad de que todas nuestras conversaciones fuesen captadas por el enemigo. El día 15 de diciembre nos llamó a su despacho el teniente coronel Mendiola para preparar "un servicio muy delicado", y que debido a su misma importancia deseaba que lo preparásemos en su presencia.

La 2ª escuadrilla la mandaba el capitán Francisco Gómez. Era un muchacho que había estado mucho tiempo sin volar, creo que desde que se disolvió la 2ª escuadrilla de Katiuska, y en aquel momento tenía gran interés en recobrar el tiempo perdido.

Yo mandaba la 4ª después del desastre de Extremadura, cuando el capitán Salas nos derribó a una patrulla completa en un solo combate.

Nos personamos los dos jefes de escuadrilla con nuestros observadores y nuestros jefes de E.M.

Mendiola nos expuso el servicio a realizar. Consistía en bombardear el aeródromo base de la Legión Cóndor, en La Cenia, repleto de aviones. No podíamos disponer de la protección de nuestra caza debido a lo muy reducida que se encontraba a consecuencia de las duras batallas del Ebro y, más principalmente, porque un reciente temporal había hecho impracticables los aeródromos donde estaban.

Mendiola nos expuso muy claramente las muchas dificultades que presentaba la operación, y para dar mayor realcé a la misma propuso que Mata fuese con su escuadrilla aabriendo la formación, y que él iría detrás mandando la 2ª escuadrilla, descansando asi el capitán Góméz.

Ante las protestas de éste, Mendiola razonó:

- No debemos salir nunca los tres juntos; ya que en caso de un desastre no quedaría nadie calfriciado para continuar nuestra labor. El día que yo vuele con tu escuadrilla, descansas, y el día que lo haga con Mata, descansará él.

- Mi teniente coronel -respondió Gómez-, me encuentro con una gran moral y le pido por favor que no me deje en tierra en un servicio de tanta responsabilidad. Se lo pido por favor.

Accedió Mendiola y le dijo:

- Bien: entonces mandarás tu escuadrilla e irás detrás de la 4ª. Ya me veía en tierra cuando accedió a la petición de Gómez, sabiendo que Mendiola también quería volar en este difícil y comprometido servicio.

Viendo: que en sus planes admitía que volásemos los tres, le pregunté en qué patrulla volaría yo, a lo que me respondió:

- Tú irás al frente de la formación de las dos escuadrillas, y yo iré de punto tuyo.

- Pero, mi teniente coronel, ¿cómo voy a ir delante y usted detrás?

- No tiene importancia alguna el lugar que ocupe. Lo interesante es que vayamos: es todo.

No era esta la primera vez qué iría al frente de una formación de dos escuadrillas de bombardeo, escoltadas por 5 o 6 monoplanos de gran altura y llevando a nuestro jefe de grupo en el centro de la formación, mezclado con sargentos pilotos con muy pocas horas de servicio. Esta era una de las actitudes que más admirábamos de nuestro jefe de grupo.

Despegamos con el alba y la fórmáción no se agrupó del todo hasta llegar a Arenys de Mar, ya que la falta de luz y la poca práctica de volar en esas condiciones hizo que no nos agrupáramos con la rapidez de otras veces.

Tal como estaba ordenado el servicio, nos internamos en el mar a una altura de 6000 metros hasta; Punta La Baña, y desde allí, con rumbo de 290º descendimo en dirección al objetivo para pasar sobre el mismo a 3500 metros (altímetro calado en Celrá) con el propósito de virar a la derecha y dirigirnos a nuestras líneas con 45º de rumbo y perdiendo altura para obtener mayor velocidad, ya que no contábamos con la protección de nuestra caza.

El servicio se efectuó exactamente como se había previsto, y así realizamos el baombardeo. Tengo entendido que fue eficiente debido a la gran concentración de aviones que había (1).

Sin embargo, y después de haber lanzado toda la carga de bombas, creo que no obramos acertadamente, aunque no me considero culpable y creo que actué lo más acertadamente posible, con arreglo a las circunstancias.

Acabábamos de realizar el bombardeo cuando fuimos atacados por los Me-109, los cuales se presentaron por la parte de atrás de nuestra derecha, independientemente de la fuerte barrera antiaérea que nos formaron.

El bombardeo lo realizamos en perefecta formación las dos escuadrillas. Salimos del objetivo virando hacia la derecha buscando la protección de las nubes que descendían por la parte montañosa, ya que el monte Caro estaba casi cubierto por completo.

La 1ª escuadrilla no nos siguió por razones que ni yo ni los componentes de la misma que aún viven pueden determinar. Fueron derribados dos de sus aparatos: el del capitán Gómez, su jefe de escuadrilla y el del sargento Ricondo. De estas dos tripulaciones sólo se salvó, tirándose en paracaídas, el teniente Rafael Ballester, observador del jefe de escuadrilla.

Leída la versión de Mata, jefe de la 4ª escuadrilla, continuaremos el relato de Ballester, cuando acababa de tomar tierra con su paracaídas encima de un montón de piedras.